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noviembre 4, 2015

PENA CAPITAL

DavidCalderon-19

Levantarse temprano con la sensación de llevar el cuerpo como una mochila que a veces pesa más de la cuenta, estar cansado y con ganas de llorar. Con deudas y sueños meterse al metro, y divagar con el lugar que nos toca, llegar al trabajo y vender un tornillo como si se fuera a acabar el mundo y luego regresar, estar inmerso, pertenecer.

Me mantuve caminando durante un tiempo, como una forma de avanzar y encontrar algo, aparecieron momentos en esta ciudad que reflejaron el dolor y la angustia de un país que llevo dentro; azotado transversalmente por la furia del capitalismo y el sistema neoliberal, que protege cada rinconcito de los intereses monetarios de los dueños de todo; transformando a las personas en mercado, a los sueños en promesas y nos dicta una sentencia de la que no podemos escapar.

Las imágenes que presento a continuación son la voz de mi diálogo interno cuando voy en trayectos comunes, sólo, en el medio de la ciudad y veo a otros como yo, solos, también con sus diálogos internos y siempre he imaginado que nuestras conversaciones no son las más alegres del mundo. Mi agradecimiento a Silvio Valderrama Gómez, por lo textos a continuación.

Extracto del poema Caldo e cabeza
Toda cagada, condenadita,
congelá en la calma de la espera
encarrilada al colapso de trenes, del troncal
está mi clase comenzando la jornada.
Cojonuda y cabreada del culeo,
cornuda –traicionada- y corajuda
en el camino cotidiano que anda coja
con rotunda rotura de cadera
o la rótula rota, cojeando en suma.
Cosida, curada
de espanto, de carencias
decadente, desquiciada y dependiente
está mi clase, cargando kilos
de cuentos y quebrantos,
cagada de la espalda.
Masticando un caldo espeso
de cabeza, con el colmo de la paciencia.

Poema Espera y ansia
Sabrás moverte con el peso a cuestas
cuando la esperanza se te rompa y
haya que avanzar sin ninguna duda.
Pues de aquella esperanza fuimos hechos
hijos huachos de dos, tres, cuatro perras
hechos a sangre y fuego en ese horno
en una espera eterna y sin remedio
como la marraqueta bajo el brazo,
como el vivir que sólo hay que vivirlo.
¿Y qué va a ser vivir sino otra cosa
que tragarse la angustia en esta espera,
que atragantarse caminando, paso a paso,
con este pan que cruje y se quebraja
y en la garganta se nos pone duro?
Como se quema el pan en este horno
cuando no hay madre, padre, ni una mesa.
Sabrás moverte, hacer del peso un nido,
una jauría, una estirpe, una covacha
que te proteja en toda su espesura
de esta condena que es la pura pena
del peso en nuestra espalda que no espera
este cansancio eterno en la esperanza.

Extracto del poema Tripa y corazón
Las cunetas están hediondas, descompuestas, corazón, hace tanto
que hay que estrujar la tripa, fuerte, sin devolver el ánimo.
Debo hacer del corazón una tripa
porque el calor de la sangre no me alcanza
ni me hierve evaporando los hedores
que la tripa cuece cuando el corazón no aguanta.

Extracto del poema El pulso del fuego
La latencia del despojo late en la calle,
en la vereda, en las esquinas y en los paraderos;
late en la rutina, late y late, en los minutos,
en las horas que no nos pertenecen.

Poema La Historia
Todo se trata del tiempo aunque no quieras,
del pálpito de este sentido en tu memoria
y del placer que nos sucede simplemente.
Todo es tiempo: el disgusto, esta cojera, la sordera,
la mudez y la cólera son tiempo
el ayer y el anteayer transitando tus alientos,
el porvenir en su jamás que es sólo un surco
de tiempos que no alcanzan nunca
a componer un carajo y siempre
es el presente todo el tiempo todo el tiempo.
Como el río que no para de arremeterse
como la tierra que no cesa de hacerse barro
como el viento que no deja de soplar las nucas
como el fuego nuestro que no deja de latir.
Así, de ton a son nos va doliendo el tiempo.
El tiempo que es historia, corazón, tripa y amparo
tiempo música, ficción y geografía.
Y el resto es luz.

Poema Pobreza y experiencia
Esta pobreza en la experiencia no es pobreza.
Nos tragamos todo: la vida entera
hambre, hombre, hembra y todo.
La marcha de mis pies cabreados.
El agua, el barro, la torrentera,
los desbordes, la fluidez rampante
del Mapocho todo hasta el Canal de Panamá:
colmando en la garganta el continente hasta el ahogo.
La Historia nos la zampamos cruda
de hueso, músculo, cuero y cartílago
una carne bien sangrienta, descarnada
la calavera quebrada de mi hermano.
Andamos y engullimos el hastío,
rumiando al calor y al frío, regurgitando un caldo
sudoroso que seca los ojos y la lengua,
dejando un vacío en la guata, un retorcijón hueco,
y al masticarlo va cariándonos las muelas.
Chupamos todo el carnaval, chupamos siempre,
celebrando, a no sí no, que estamos vivos
-en la experiencia, en la experiencia, en la experiencia-
viviéndola toda, sabiéndola de memoria,
vivarachos, siempre, aunque nos estén dando
este atracón que pesa y nos rebasa
con la mierda hirviendo hasta el cogote.
La pobreza viva en la experiencia alimenta
un hambre insaciable y rigurosa de lo que venga.
Nos tomamos todo así hasta el concho,
bajo este farol que no alumbra, al seco,
hasta la última chupá del mate.

Poema Condiciones necesarias
En la sonrisa e medio lao, en la tibieza
de un gesto que es tan de uno y tan de tantos
no he de perder acaso una costilla
por dar la mano, simplemente, dar la mano.
No temerle a los piojos del que vaga
vagar las calles con saludos en los ojos
no putear, innecesario, a ese que choco,
decir lo siento huacho, hermano, y dar la mano.
Respeto a los cabellos del vecino
un beso al diente solo del prójimo
oler el humo en los inviernos de tu boca
y los sudores olorosos en verano
aguantarnos las rabias y las mañas
abrir los ojos hacia el frente y dar la mano.
No entregar así no más la otra mejilla
al insensible, al rastrero o al tirano
robarle al súper pa parar un desayuno –por ejemplo–
sacarle un libro a la cadena si es que hay mano
evitar pagar el metro, el transantiago
rascarnos entre todos nuestras pulgas
pa dar mano, simplemente, dar la mano.
Tomar al niño en los brazos aunque pese,
jugar de vez en cuando como niños
no dejar nunca a un hermano a la intemperie,
no dejar nunca a nadie abajo de la mesa,
darnos la mano, simplemente, dar la mano.